
La marca personal es la huella que dejamos en otras personas y en el mundo. Al igual que nuestra huella digital es única y nadie más puede copiarla o tener una igual. Nadie tiene nuestro mismo pasado, experiencias, conocimientos o sueños. El problema está cuando desviamos la mirada de quienes somos a nivel interno y nos centramos en ver lo que otros tienen.
En 1a de Samuel 8 vemos la causa por la cual el pueblo de Israel pide rey:
4 Entonces todos los ancianos de Israel se juntaron, y vinieron a Ramá para ver a Samuel, 5 y le dijeron: He aquí tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus caminos; por tanto, constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones. (Énfasis añadido)
Al rechazar a DIOS con esta petición, perdieron su diferencial frente a otras naciones y pasaron a ser una más entre ellas. Eso mismo le puede ocurrir a una persona cuando se compara con otros y deja a un lado a DIOS, el llamado y el propósito por el cual Él lo creó.
Recordemos las palabras de Jesucristo en Juan 15:5 «Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en Mí y Yo en él, ese da mucho fruto, porque separados de Mí nada pueden hacer.» (Énfasis añadido)
Es necesario volver a quien nos creó y preguntarle Su propósito, descubrir, agradecer y dedicar los dones que nos regaló para Su servicio y el de los demás actuando de acuerdo a ello.
Las personas que hacen este ejercicio logran tener una visión clara para sus vidas, desarrollar su potencial y destacar en el ámbito donde estén.

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